Todo puede ser arrebatado al ser humano

¿Qué necesitas? Cuentos para pensar

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¿Qué necesitas? Cuentos para pensar

En estas fechas “especialmente” les propongo a mis alumnos una reflexión y lo hago con éste cuento para pensar.

Se trata de que hagas aquello que realmente necesitas y no lo que la dinámica de la publicidad te indica, así que con total libertad también lo comparto con los lectores de esta web.

¿Qué necesitas?

Un maestro se desplazó, junto a un grupo de monjes, a una gran ciudad para participar en unas jornadas sobre la meditación y el desapego de lo material.
Habló sobre lo fácil que es vivir con poco, sin lujos, sin las necesidades impuestas por el consumismo desmedido. Contó que él apenas tenía muebles o ropas y era muy feliz.

Tras acabar las jornadas, el maestro y sus alumnos se fueron al aeropuerto para coger el avión de regreso. Como tenían dos horas libres decidieron entrar en un centro comercial, pues la mayoría de ellos nunca había estado en ninguno.
Pasearon por los pasillos observando todos los productos que les rodeaban, y cuando ya había transcurrido más de una hora decidieron que era momento de irse, pero no encontraban al maestro por ningún lado.

Finalmente lo descubrieron yendo por los pasillos, tocando la mayoría de objetos, examinándolos, interesándose por ellos… incluso llegó a preguntar a algún vendedor por el precio o utilidad de los mismos.
Asombrados por aquel comportamiento, ninguno se atrevió a decir nada y, lentamente, se dirigieron a la salida para esperarlo allí.

Cuando ya apenas faltaban unos minutos para embarcar observaron que el maestro salía tranquilamente del centro comercial y se dirigía hacia ellos.
-Bien, hermanos, se ha hecho un poco tarde, creo que ya es hora de marchar hacia casa -les dijo.

Todos se quedaron en silencio. En realidad ninguno de los alumnos se atrevía a decir nada, pero no entendían que justamente él hubiera caído en la redes del consumismo.
Finalmente, uno de ellos, el más joven, se atrevió a hablar.

-Maestro, ¿puedo hacerle una pregunta?
-Claro, adelante.

-Como es que usted, que cultiva la austeridad, ha estado tanto tiempo observando todo lo que había allí dentro.

-Es que me he quedado maravillado de todas las cosas que existen y no necesito.

Para la reflexión. Si te ha gustado compártelo.

El bambú japonés – Cuento para pensar

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No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.

También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas:

“¡Crece, maldita seas!”…

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no apto para impacientes.

Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable.

En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de solo seis semanas,  la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

¿Tardó solo seis semanas crecer?.

No.

La verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Esto vale para la práctica del yoga, la meditación, el mindfulness, y otras actividades de mente-cuerpo y para la vida misma en realidad.

¡Nada crece y se desarrolla de un día para otro, disfruta del camino y verás los resultados.!

Deseos…

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Especialmente para estas fechas donde todos nos llenamos de deseos estaba buscando una imagen para felicitaros las fiestas y mira por donde apareció en mi biblioteca el siguiente cuento. Nada pasa por casualidad.

Deseos. Un cuento para pensar

 

El emperador salía del palacio para dar un paseo matutino, cuando se encuentra con un mendigo en la puerta.

Suponiendo que le pediría una limosna, le preguntó:

– ¿Qué quieres?

El mendigo lo miró y le dijo:

– Me preguntas de una manera… como si tú pudieras satisfacer mi deseo.

El emperador le respondió:

– Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo… ¿Cuál es?

Y el mendigo mirándole a los ojos contestó:

– Piensa dos veces antes de prometer.

El emperador, comenzando a molestarse, pero insistió:

– Te daré cualquier cosa que pidas. Soy una persona muy poderosa, y extremadamente rica… ¿qué puedes tú desear que yo no pueda darte?

El mendigo sonrió:

– Se trata de un deseo muy simple… ¿ves esta bolsa que llevo conmigo?… ¿puedes llenarla con algo valioso?

  • Por supuesto – dijo el emperador. Llamó a uno de sus sirvientes y le ordeno que llenara de dinero la bolsa.

El sirviente así lo hizo, pero según echaba el dinero en la bolsa, este desaparecía. Así que echó más y más y todo iba desapareciendo al instante.

Es decir, que la bolsa del mendigo siempre permanecía vacía.

El rumor de esta escena corrió rápidamente por toda la ciudad y entonces una gran multitud se reunió en el lugar, poniendo en juego el prestigio del emperador.

– Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no se va a salir con la suya, ya que me dejará en ridículo frente al pueblo.

Diamantes, perlas, esmeraldas… uno a uno, todos los tesoros del emperador iban desapareciendo en la bolsa, la cual no parecía tener fondo. Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente.

Era el atardecer y habiendo quedado el emperador ya sin ninguna cosa que colocar en la bolsa del mendigo (habiendo llegado incluso a desprenderse de joyas que habían pertenecido a su familia por siglos), se tiró a los pies del mendigo y, admitiendo su derrota, le dijo:

– Has ganado tú, pero antes que te vayas, satisface mi curiosidad:

¿Cuál es el secreto de tu bolsa?

El mendigo contestó:

– ¿El secreto?

Simplemente está hecha de deseos humanos.

Nuestra bolsa de deseos nunca tiene fin y nunca nos deja satisfechos, espero que todos los que leéis y visitáis esta web y las redes sociales tengáis unas Felices Fiestas, cada uno de nosotros decidiremos cuales son los deseos importantes para que no se pierdan en una bolsa sin fondo.

Yoga y personalidad tipo A

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Al igual que en nuestra vida diaria, el tipo de personalidad tiene una influencia tremenda en la práctica del Yoga, como explicaba en este post, las personalidades de tipo A que suelen ser muy competitivas no solo lo son con el entorno sino también consigo mismos.Bambú

Esto se nota en la práctica de las asanas, porque llevan al practicante a luchar con la postura para lograr superarse y llegar más allá, forzando a su cuerpo a excesos que al contrario de lo que creen, no hacen sino predisponer a su cuerpo a no ceder, a contraerse como mecanismo de defensa ante el sobre esfuerzo.

Muchas veces en las clases se dice antes de una asana, que los que tengan problemas lumbares, cervicales etc. (según sea el caso), no la realicen, o que los que tengan menos práctica descansen o practiquen una variante.

Pues basta con que se diga ésto para que se produzca lo contrario, es decir todo el mundo adopta la postura final sin tener en consideración sus limitaciones o el estado de su práctica.

A veces el profesor se plantea ante esta respuesta de algunos alumnos, no realizar o enseñar determinadas asanas porque sabe que en lugar de beneficiarles les podría perjudicar; porque los alumnos no hacen caso de las recomendaciones.

Y es que lo que creo más importante de la práctica de yoga no es hasta donde llegues, sino como digo siempre en mis clases, “como lo haces”.

Si te permites no luchar con la asana, no buscar lo más, respetar no solo tus limitaciones, sino el momento presente de tu cuerpo en dicha asana, o ese día, el disfrute que se logra y el beneficio es incalculable.

Me gustaría que esta reflexión pueda ayudar a los practicantes, para mejorar sus sensaciones en la práctica y también sus beneficios en la vida diaria.

Y este cuento puede expresar quizás mejor la idea que quisiera transmitir. El tiempo que tarda el bambú en dar sus frutos, así es la práctica de yoga.

Hoy podés contar conmigo

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“Quiero”– Este es el título de uno de los cuentos del libro “Cuentos para Pensar” que escribió el famoso escritor y psicoterapeuta argentino “Jorge Bucay”

Si lo deseas puedes ver otras frases del mismo autor

Quiero decir que este poema en especial me pareció hermoso y cuando escribía a mis amigas siempre y de manera sincera finalizaba el mail diciendo ésto:

“Hoy podés contar conmigo.”

Quiero

Quiero que me oigas, sin juzgarme.
Quiero que opines, sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mi, sin exigirme.
Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi
Quiero que me cuides, sin anularme.
Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.
Quiero que me abraces, sin asfixiarme.
Quiero que me animes, sin empujarme.
Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.
Quiero que me protejas, sin mentiras.
Quiero que te acerques, sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas, que hoy,
hoy podés contar conmigo.
Sin condiciones.

Cuentos para pensar

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A menudo suelo leer cuentos de la tradición y la filosofía de distintas culturas que resumen aunque sean muy antiguos aquellas situaciones a las que nos seguimos enfrentando a diario y a los dilemas que todos tenemos en uno u otro momento de nuestra vida.

Por eso y aunque llevaba mucho tiempo queriendo hacerlo hoy por fin tuve el tiempo necesario para transcribir el primero y quiero compartirlo con todos, esperando que os hagan pensar y os gusten.

Cuentos para pensar

También me gustaría que si conocéis alguno me lo hicierais llegar para poder publicarlo.

quien se llevó mi queso

Si no tuvieras miedo que harías ?

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El otro día en el post anterior comenté que esta pregunta que había leído en el libro “¿Quien se ha llevado mi queso?” Había marcado un antes y un después en mi vida personal y así fue y voy a comentar porqué.

Cuando un amigo me recomendó leer este libro, yo estaba atravesando un momento difícil en mi vida y en mi trabajo. Sabía lo que no quería, pero estaba como paralizada por el miedo a las posibles consecuencias de mis decisiones, y por el miedo al que me juzgaran aquellos que me rodeaban.

Este miedo como digo era paralizante, no me atrevía a imaginar como sería mi vida, sino era la que tenía en aquel momento; mentalmente estaba absolutamente bloqueada.

No me atrevía de manera consciente o inconsciente a imaginar algo distinto, evidentemente porque el imaginarlo suponía tener que aceptar que otras circunstancias eran posibles, y el suponerlo también en aquel momento implicaba que si existían otras circunstancias, era posible optar por ellas.

Cuando leí el libro, volví a estar con este amigo, y me preguntó que tal, que me había parecido.

Entonces le contesté que había una frase que se me había quedado grabada, me había impactado, y fue cuando me preguntó, dime ¿Si no tuvieras miedo que harías?

 

Fue en ese momento cuando a pesar del miedo pude verbalizar mis deseos de cambiar, de soñar despierta y permitirme a mi misma fantasear con lo que realmente haría si no fuese por el miedo al cambio.

Y ese fue el primer paso para el cambio profundo de mi vida y de mi visión de la misma.

Porque después de haberlo dicho en voz alta, mis propias palabras quedaron resonando en mi cabeza, y poco a poco fueron cobrando vida.

Poco a poco fui preguntándome: ¿Son tan disparatadas mis esperanzas o realmente puedo llevarlas a cabo?

Hasta aquel momento, como la mayoría de la gente supongo, yo había elegido pocas cosas en la vida, me había visto obligada por las circunstancias a afrontar decisiones siempre perentóreas e ineludibles. Tenía un trabajo que yo consideraba que ya había cumplido un ciclo, desde muy joven tuve que trabajar y estudiar simultáneamente, porque las condiciones económicas no me permitieron otra cosa.

Así que comencé a replantearme todo de nuevo, lo que quería hacer, o al menos intentar hacer a partir de ese momento, y desde entonces, la verdad es que estoy encantada.

Por primera vez elegí lo que quería hacer, y lo hice con todas las consecuencias, sabiendo que el cambio podía resultar estrellarse y fracasar; pero elegir supone ser consecuente con lo que uno decide.

Salga bien o mal, quedarse internamente con el gusto de haberlo intentado, y de volver a intentarlo tantas veces como sea necesario. Significaba no renunciar a lo que quería o al menos no hacerlo de antemano.