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Deseos…

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Especialmente para estas fechas donde todos nos llenamos de deseos estaba buscando una imagen para felicitaros las fiestas y mira por donde apareció en mi biblioteca el siguiente cuento. Nada pasa por casualidad.

Deseos. Un cuento para pensar

 

El emperador salía del palacio para dar un paseo matutino, cuando se encuentra con un mendigo en la puerta.

Suponiendo que le pediría una limosna, le preguntó:

– ¿Qué quieres?

El mendigo lo miró y le dijo:

– Me preguntas de una manera… como si tú pudieras satisfacer mi deseo.

El emperador le respondió:

– Por supuesto que puedo satisfacer tu deseo… ¿Cuál es?

Y el mendigo mirándole a los ojos contestó:

– Piensa dos veces antes de prometer.

El emperador, comenzando a molestarse, pero insistió:

– Te daré cualquier cosa que pidas. Soy una persona muy poderosa, y extremadamente rica… ¿qué puedes tú desear que yo no pueda darte?

El mendigo sonrió:

– Se trata de un deseo muy simple… ¿ves esta bolsa que llevo conmigo?… ¿puedes llenarla con algo valioso?

  • Por supuesto – dijo el emperador. Llamó a uno de sus sirvientes y le ordeno que llenara de dinero la bolsa.

El sirviente así lo hizo, pero según echaba el dinero en la bolsa, este desaparecía. Así que echó más y más y todo iba desapareciendo al instante.

Es decir, que la bolsa del mendigo siempre permanecía vacía.

El rumor de esta escena corrió rápidamente por toda la ciudad y entonces una gran multitud se reunió en el lugar, poniendo en juego el prestigio del emperador.

– Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no se va a salir con la suya, ya que me dejará en ridículo frente al pueblo.

Diamantes, perlas, esmeraldas… uno a uno, todos los tesoros del emperador iban desapareciendo en la bolsa, la cual no parecía tener fondo. Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente.

Era el atardecer y habiendo quedado el emperador ya sin ninguna cosa que colocar en la bolsa del mendigo (habiendo llegado incluso a desprenderse de joyas que habían pertenecido a su familia por siglos), se tiró a los pies del mendigo y, admitiendo su derrota, le dijo:

– Has ganado tú, pero antes que te vayas, satisface mi curiosidad:

¿Cuál es el secreto de tu bolsa?

El mendigo contestó:

– ¿El secreto?

Simplemente está hecha de deseos humanos.

Nuestra bolsa de deseos nunca tiene fin y nunca nos deja satisfechos, espero que todos los que leéis y visitáis esta web y las redes sociales tengáis unas Felices Fiestas, cada uno de nosotros decidiremos cuales son los deseos importantes para que no se pierdan en una bolsa sin fondo.

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